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Linfocitos T naïve como factor en la respuesta inmune frente a COVID-19

El proyecto Niveles de linfocitos T naïve como factor predictivo de la eficacia de la respuesta inmune frente a SARS-CoV-2 y sus potenciales vacunas ha obtenido financiación del Fondo COVID del Instituto de Salud Carlos III. El estudio será liderado por la investigadora del grupo de Patología cardiaca del ISPA Rebeca Alonso Arias y gestionado desde la Fundación para la Investigación y la Innovación Biosanitaria del Principado de Asturias (FINBA).

La actual pandemia por SARS-CoV-2 está poniendo de manifiesto los devastadores efectos que supone la masiva infección por un patógeno para que el que carecemos de memoria inmunológica. El efecto es mucho más patente en una población que, como la asturiana, se encuentra altamente envejecida y cuyo sistema inmune no está adaptado a la pronunciada longevidad de los individuos.

Los linfocitos T se encargan de reconocer específicamente a los patógenos y responder eficazmente frente a ellos. Los linfocitos T naïve circulantes van a ser los encargados de reconocer los agentes infecciosos con los que nuestro organismo no haya tenido contacto previo, mientras que los linfocitos T de memoria se van a generar después de un primer contacto y se van a encargar de protegernos en siguientes infecciones por el mismo patógeno. Determinadas situaciones conllevan que el repertorio linfoide esté alterado y los niveles de linfocitos T naïve se reduzcan drásticamente. El factor determinante en la eficacia de la respuesta adaptativa es la diversidad de receptores de los linfocitos T (TCR) que van a permitir el reconocimiento de una enorme variedad de antígenos. Es esperable que una menor frecuencia de linfocitos T naïve afecte negativamente a la diversidad del TCR y esto, a su vez, podría limitar la capacidad de responder frente a antígenos con los que el organismo no se haya encontrado previamente, como es el caso de los antígenos virales del SARS-CoV-2. El envejecimiento es el principal, aunque no el único, responsable de este fenómeno y se caracteriza por dos cambios principales, la disminución de los linfocitos T naïve y el aumento de los linfocitos T de memoria que irán aumentando como consecuencia del estrés antigénico agudo y crónico a lo largo de la vida. Cambios similares en las subpoblaciones de linfocitos T se pueden encontrar en individuos jóvenes con enfermedades autoinmunes, patologías inflamatorias e infecciones virales crónicas, tratamientos inmunosupresores o incluso años después de tratamientos quimioterápicos.

En nuestro medio es reducida la frecuencia de infecciones por patógenos desconocidos para el sistema inmune a partir de la edad adulta, siendo el motivo fundamental la falta de contacto con patógenos no habituales. Sin embargo el fallo de la respuesta es claro, observándose una deficiente respuesta a la vacunación en el anciano, llegando a ser la mitad de eficaz en individuos mayores de 65 años, así como una mayor incidencia de tumores e infecciones. La situación actual de pandemia está contribuyendo a clarificar esta cuestión, demostrándonos que cuando el sistema inmune de los ancianos, o de otros individuos inmunológicamente susceptibles, se enfrenta a neoantígenos su capacidad de respuesta está claramente reducida, de ahí su ineficacia en resolver una infección viral que a priori no debería suponer un compromiso para su vida. La exagerada, y dañina, respuesta inflamatoria a la infección por SARS-CoV-2 podría producirse, en individuos genética o fisiológicamente predispuestos, como mecanismo compensatorio de una ineficaz respuesta inmune adaptativa. Inflamación e inmunosenescencia son dos procesos íntimamente relacionados.

El objetivo concreto de este proyecto es definir el perfil linfocitario que caracteriza a los pacientes con distintos grados de afectación por SARS-CoV-2 con el objetivo de predecir aquellos con mayor riesgo de complicaciones o que podrían no beneficiarse de la vacunación una vez que esta esté disponible. Identificar a los individuos más vulnerables es de crucial importancia para poder tomar las medidas preventivas necesarias cuando se supere la fase de actual crisis sanitaria en la que estamos inmersos. También servirá para el desarrollo de estrategias de inmunización específicas que traten de potenciar la respuesta en estos individuos más inmunocomprometidos.